domingo, 8 de abril de 2018

Ana Frank en Córdoba




Ana Frank, Idas y vueltas de una niña que sufrió bastante en sus pagos como para andar renegando en nuestra docta

 



No le bastó a la sufrida protagonista, una vida de injusticias y dolores, que su recuerdo plasmado en una obra de arte también deba renegar de su destino.   
Ana Frank, mártir de una época terrible para nuestra humanidad. Escritora breve pero lo suficientemente concisa como para que te la chanten entre los textos del colegio  secundario.

Esta es una triste historia real que narra los acontecimientos a lo largo de dos años, donde no solo sufrió la bella escultura el vandalismo de tontos oportunistas, sino que descubrió una farza de casi 20 años... 


Aquí la tenemos en un monumento muy bello que se realizó en 1995. Ella solita frente al Museo Caraffa en el comienzo de la avenida Poeta Lugones, admirada por cada estudiante que pasa hacia Ciudad Universitaria, turistas que se pierden entre los museos de arte y enamorados que enfilan hacia los más recónditos recovecos del Parque Sarmiento.
Ella vio los cambios culturales, vio los nuevos edificios, y en 2014 su mirada apuntaba a un cartel de la "bicisenda"




Y un cierto día, Ana fue decapitada. Si bien muchos salieron a explayarse abiertamente en contra del antisemitismo y otras barbaridades, los autores del daño fueron manifestantes universitarios que en sus derechos a reclamar incluyeron el destruir impunemente el patrimonio de la ciudad.



La estatua deberá esperar casi un año para que se la arregle.


El “Ecce Mono” cordobés
Como si fuera una parodia del Ecce Homo español, cuya restauración quedó en la historia por haber infartado a más de un coleccionista, restaurador u amante del arte, la increíble "restauración" vino de la mano del presidente de la DAIA Isaac Nahmias, quien demostró que los artistas no siempre se levantan con el pié derecho...

Imagen de La Voz del Interior

La municipalidad necesitaba actuar, se llamó al artista, los recursos estaban, y cuando se inauguró la obra… ¿Qué pasó? La obra realizada era particularmente HORRIBLE!, la cabeza que superpuso la obra original no condecía en nada con la anterior. El momento incómodo no pasó desapercibido y la opinión pública fue cruel.


Como verán, hay una terrible diferencia entre la original y esta copia reemplazada sobre la misma escultura. Quien decía ser el autor descubrió una farsa de 19 años...
(Esta imagen es del diario La Voz del Interior)

Y eso no es todo... 


Gracias a la publicación de esta vergüenza, muchos reconocieron a su verdadero autor Carlos Belveder, artista de Río Segundo, cuya autoría nunca fue reconocida.
El ex-presidente de la DAIA ya no supo que inventar para salir del escándalo, al parecer cuando se inauguró la obra en 1995, ésta no estaba firmada y el susodicho se la adjudicó.


Imágen diario Día a Día


Y ahí quedó el monumento... la plazoleta Ana Frank con una bolsa negra tapando la vergüenza, algo de basura y una duda que dejó algún transeúnte...




¿Final Feliz?


Le restituyeron la Cabeza a Anita, esta vez la hizo su verdadero autor, aunque ya no sea la de antes...



No te alcanzarían los cuadernos para describir la indignación en pleno siglo XXI


Conclusiones marzo de 2015


sábado, 7 de abril de 2018

¿Cómo no lo vamos a querer a Luisito?



Vamos a recordar a un hombre que vivió Córdoba, que la amó y la hizo geografía de su pasión,  la imagen de un ‘Rock Star’ quedado en el tiempo.


            Considerado el primer poeta argentino, Luis Josef de Tejeda y Guzmán, que nacía en un 1604 al tiempo que se establecían los seguidores de Santo Domingo como una premisa de sus últimos años y que nace también con la infancia de esta ciudad que se proponía ya importante, confrontadora, con una personalidad única acogiendo infiernos y paraísos tal como nuestro héroe en su larga y agitada vida.

            Proveniente de las familias fundadoras mas importantes, las que crean los conventos de Santa Catalina, el de las Carmelitas y de las primeras relacionarse y encomendar con los nativos en la convivencia de esta tierra.

            Y así, esta Córdoba lo vio crecer y formarse con los Jesuitas en su novedoso emprendimiento. Recibiendo las buenas observaciones de Diego de Torres y del mismísimo Obispo Julián de Cortazar que diría «Este joven habrá de ser con el tiempo el maestro universal de la literatura tucumana» entendiendo el Tucumán como la gran provincia del sur del Perú que abarcaba el actual norte argentino.

            Y vaya si lo fue. Aunque nunca se doctoró, recibió su bachiller de Maestro en Artes a los 17 años y todo lo que siguió fue autodidacta, para asombro y admiración de sus pares que veían como sus logros como gran poeta, orador y mitólogo tomaban forma en pasiones que lindaban con lo prohibido.

            Enamorado, más que nada de esta tierra, así la recordaba:

Ciudad de Babilonia,
Aquella confusa patria
Encanto de mis sentidos
Laberinto de mi alma.
Aquella que fue mi cuna
Al tiempo que el sol pisaba
La cola del escorpión…
…¿qué rincón hay que no sea
entre aquellas flores varias 
testigo que me amenaza? ”


            Para 1624, su padre Juan de Tejeda decide casarlo con una bella noble de La Rioja con el fin de acabar con su vida libertina, la cual ni Santa Teresa pudo apaciguar. Pobre esta chica Francisca, que en sus versos la recuerda como “Anfrisa”, que ni aun dándole diez hijos logró llegar a su corazón aventurero.

            El mando militar le sentó bien, luchó a desmedro contra los piratas holandeses y los indios sublevados en el Chaco y Río IV, se lo conoció como valiente, aguerrido y, como no podía ser de otra manera, como mujeriego.
            No es que las guerras duren tanto, dirían mas tarde, pero las fuerzas de Venus son más fuertes que las de Marte, en alusión a sus largas campañas donde la pasión primaba ante la lucha. 
            A su regreso a Babilonia, tal como llamaba a su Córdoba, las pasiones y los amores prohibidos lo llevaron a dar muerte y terminar en los calabozos del Cabildo. Otra muerte, la de su amante “Lucinda” lo hace escapar junto con su hermano pero sin poder presenciar el velorio.
            Con el alma en luto, recordará bajo un sauce del Suquía a su amada muerta, llorando las culpas y su destino.

            Y así retomó sus responsabilidades. Se hizo cargo de su familia y de la gran fortuna heredada. De los campos en Soto, Salsacate, Pichanas, Saldán y Anisacate. De los negocios familiares.
            Fue patrón en el convento de las carmelitas donde ya estaban sus hermanas, su madre, tía, abuela y pronto hasta sus hijas. Todas seguramente pidiendo por la mesura de este cordobés de carácter,
            Así también incursionó en la función pública donde ejerció como Alférez y procurador, alcalde ordinario, regidor, teniente general y maestre de campo del gobernador.
            Esto último lo llevó a pasarse de la raya y abusar del poder otorgado teniendo nuestro héroe, que escapar a las sierras y refugiarse.

            Fue una noche que a escondidas ingresa al convento de Santo Domingo. Su hermano Gregorio que llevó una vida similar pero pudo redimirse a tiempo en esta orden, lo va a recibir y aconsejar para ser un siervo más entre los Predicadores.

            Irá Luisito en su consuelo celestial, a destruir su obra primitiva que contaba quizás, historias de erotismo, violencia y euforia inédita para su época, puede que influenciado por los españoles Góngora o Lope de Vega, o más próximo al Inca Garcilazo, pero este poeta es nuestro, es criollo, y sus escritos son una descripción de nuestra Córdoba naciente. En cambio, Luis José de Tejeda nos dejó sus poesías que escribió en el convento. Temas religiosos, memoria de santos, soledades y un gran libro que Ricardo Rojas rescató y llamó “El Peregrino en Babilonia”. Distante de la perdida, pero que deja ver en su arrepentimiento la vida de un cordobés extraordinario.

Muchas cosas cambiaron…

            Hoy no sería la misma universidad la que formó su pensamiento, vendrían otros iluminados con ideas modernas y la maravillosa expresión del barroco mas adelante.       Algo desconfigurado el hoy museo de arte religioso que lo recuerda, aunque su vida se presiente en sus salas cada vez más atrapantes. Recuperadas las celdas donde pagó en varias ocasiones sus excesos, no así el Cabildo que en ese entonces recién estrenaba un tímido cal y canto; el Museo de la Ciudad, tan bien organizado deja vivenciar algo de ese encierro en la que fue la primer cárcel pública. Las Catalinas fundadas por su tía, irreconocibles pero con una labor admirable en estos 400 años. Y se habría emocionado también Luis, de ver la Basílica de Santo Domingo donde pasó sus últimos años con esas hermosas cúpulas a la luz de la luna.

            Qué distinta la ciudad que amó. Los ruidos de la segunda urbe más grande del país, los edificios que tapan las campanas por las que alguna vez fue conocida, el asfalto que invadió la tierra que trabajó una y otra vez.

            Nos queda recordarlo, al Luisito claro, recorrer sus calles hoy, observar lo que vemos a diario, respirar los aires actuales y pensar cuales serian sus aventuras en nuestra época.
            Acercarnos a algún rincón del Suquia, buscar un sauce que dé al poniente y  recostarse mientras describimos nuestra Babilonia:

‘Un lugar irreductible, donde se detiene el tiempo.
El tiempo incierto, separado del destino, peregrino
A la sombra de sus sitios encantados…’






Aun me sobra una frase…

Andaban ya mis deseos
¡Ay Babilonia enemiga!,
purpúreas horas del alba,
de tus casas, calles, plazas
como abejas susurrando
¿qué rincón hay que no sea
entre aquellas flores varias
testigo que me amenaza?






Las Peatonales Cordobesas


Peatonales pioneras en el país


Fueron las primeras del país y hasta la fecha, las más extensas. Cuenta con un recorrido totalmente heterogéneo e invita al descanso en cada cazuela

Planificadas en 1971 y construidas dos años después, de las cinco calles dispuestas en cruz invertida, se irán agregando otras hasta el nuevo siglo. El proyecto inicial fue de Hugo Taboada, pero quien continuó y dio identidad a las peatonales fue Miguel Ángel Roca.
Pero no solo tenemos el orgullo de tener las primeras, sino también las más largas, con sus actuales 26 calles peatonales, más las semi peatonales[1] que sumarían 6 calles más.

Hay que resaltar la importancia de estas, la idea del paseo peatonal, es liberar el tránsito de personas, los peatones, para hacer seguro y agradable su andar por el Centro Comercial, pero también ayudan a la preservación del espacio y edificios históricos, como lo fue en el 2000, cuando se nombró a la Manzana Jesuítica como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, y desde entonces convirtieron en peatonal la muy transitada calle Caseros.
Si hay algo que caracterice a nuestras peatonales, es su gran variedad y el hecho se no seguir un modelo común. Podemos encontrar pérgolas sosteniendo las maravillosas “Santa Rita”, florecidas todo el año y a las cuales tenemos que agradecerle la frescura que otorgan en verano, el colorido y ese microclima que prevalece durante todo el año. Tenemos cazuelas que forman alamedas, que siempre sirven de asientos para los cansados paseantes y trabajadores en su tiempo de descanso, tenemos un adoquinado por buena parte del Centro Histórico, y debajo de los edificios que representan la historia cordobesa se realizó una técnica de rebatido hecha en mármol blanco que emula las figuras del Cabildo, la Catedral, la Legislatura, el museo de la UNC y el Colegio Nacional de Monserrat.
Buena parte de las obras de la peatonal, se la debemos al arquitecto Miguel Ángel Roca, quien comenzó allá por los ’70 con las obras del pergolado con forma de bóveda y arcos de medio punto, que trata de seguir las líneas del Cabildo. Cada columna que sostiene la pesada estructura descansa en una cazuela que sirve de asiento para los transeúntes.
Entre las especies que contienen estos pasajes encontramos jacarandaes en Rivera Indarte, 9 de Julio o sobre 25 de Mayo, algarrobos y especies del bosque nativo en la plazoleta del Fundador, álamos sobre Obispo Trejo o la Dean Funes, palos borrachos, un añejo ceibo que decora la esquina de 27 de abril y Trejo, en cuya base está la placa que recuerda al Cura Brochero.


Así son nuestras peatonales, hechas para disfrutarlas y para el rescate de la cultura cordobesa.




[1] Por semi peatonal tomamos a las calles vedada a cierto tipo de transporte o que se cortan intermitentemente en ciertos días u horarios, así como la San Martín, con su “Paseo de la fama”, o las calles que rodean el Paseo de las Artes, que cada fin de semana es visitado por miles de cordobeses y turistas.